LEANDRO EL CHICO QUE VENDÍA TURRONES EN LA CALLE OBTUVÓ UNA BECA DE ESTUDIO

Nacionales 09/09/2017 Por
Llegó a la India hace un mes gracias a una beca y a la ayuda de la gente. Tiene 17 años, siete hermanos y una vida nueva lejos de Córdoba.
LEANDRO
LEANDRO EL CHICO QUE VENDÍA TURRONES EN LA CALLE OBTUVÓ UNA BECA DE ESTUDIO

Leandro Bustos aprendió en la calle a no tenerle miedo a nada. Ni a los perros que le mostraban los dientes cuando iba casa por casa vendiendo trapos de piso y repasadores. Ni a los policías que lo miraban con desconfianza cuando ofrecía “tres turrones por 10 pesos” en una esquina de Córdoba. Ni a la pobreza.

Leandro Bustos, antepenúltimo de 8 hermanos huérfanos de madre, no le tenía miedo a nada. Hasta que a los 17 años se subió a un avión y empezó a temblarle la vida entera.

Lo único que Leandro sabía de la India lo había leído en un formulario el día que se postuló para hacer una beca de estudio. Una compañera de la escuela lo había incentivado a anotarse. Primero fue un examen, luego otro y otro más. Matemática, cultura general y preguntas “de lo más extrañas” al estilo de “cómo se acomoda una cama”. Al final del larguísimo certamen, llegó el llamado que lo pondría a bordo de la nave que le haría conocer el miedo.

“Ganaste. Te vas a la India”, le avisaron. Y la noticia causó un terremoto en su humilde casa que se sintió en todo el país. La beca incluía dos años de estudio en un bachillerato internacional mundialmente reconocido, albergue y comida. Pero no tenía plata para el pasaje y tuvo que salir a pedir ayuda.

Partió hace un mes, con la valija llena de sueños. Nunca hubo en su vida tanto futuro como en el instante que despegó el avión.

A su lado viajaba también el recuerdo de Jamal, el protagonista de la película que había visto unos días antes su partida. Jamal era un chico como él. Tenía su misma edad, vivía en los bajos fondos de Bombay y era un huérfano buscavida que no le temía a nada más que a la pérdida de su amor adolescente. Lo empujaba, como a él, el deseo de superación y las ganas de salir adelante. Su mejor escuela era la calle, donde había aprendido lo bueno y también lo malo de su corta vida. Habilidades, conducta, valores, experiencia. Todo eso le sirvió a Jamal para ganar un concurso de preguntas y respuestas.

Una a una recordó Leandro las escenas de “Quién quiere ser millonario” a lo largo de ese interminable viaje a lo desconocido. Sabía que Jamal era solo el personaje de esa película. Pero él no. El estaba sentado allí, con su cinturón bien abrochado, paladeando el sabor a maní de sus turrones. ¿Estaba listo para ser el protagonista de su propia película?

El campus pertenece a la United World College, en Pune, una megaciudad ubicada a 170 kilómetros de Bombay. “El paisaje es muy lindo, muy verde, pero el primer día que me alejé del campus y fui a conocer la ciudad me impresioné un poco -confiesa-. Hay mucha pobreza en las calles. Hay gente que la está pasando mucho peor que nosotros”.

Todavía no sabe qué carrera va a seguir cuando vuelva al país. “Le gustaba periodismo deportivo, pero creo que le va a costar elegir una profesión, porque le interesan muchas cosas. Es un muchacho que todo lo que hace lo hace bien. Nunca tuvo una mirada chiquita”, se agranda José desde Córdoba.

Habrá que creerle: desde una esquina de Córdoba Leandro se atrevió a mirar el mundo. Y a empezar a escribir el guión de su propia película.

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